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Eso que no se le enseña a nadie

by Carlos Padilla

Ilustración de Gavin O’Melia

El viejo Matías se pone las medias largas con dificultad.

—Ven, ven —susurra el muchacho.

La muchacha está en lo suyo.

El viejo Matías termina de ponerse las medias y se le olvida qué es lo que sigue.

Francisco, el de los lentes, llega.

La muchacha sigue en lo suyo.

El viejo Matías se acuerda de los zapatos.

—Mira esa vaina —susurra José.

La muchacha se pone las manos en la espalda.

El viejo Matías encuentra los zapatos debajo del catre.

—¿Y Andrés? —pregunta Francisco.

La muchacha se rasca la oreja izquierda.

El viejo Matías se amarra los cordones.

—Sube al camino —responde Guillermo—, a ver si lo ves.

La muchacha se asegura de tener el moño bien hecho para que no se le deshaga.

El viejo Matías se para del catre con los zapatos puestos.

Francisco, con el aire cortado y los pantalones pesados, sube.

La muchacha flexiona las rodillas.

El viejo Matías encuentra la camisa de listado.

Andrés, con el pecho erguido, ve a Francisco a la vera de la pendiente.

La muchacha siente cómo el calor se le va del cuerpo.

El viejo Matías se abotona la camisa.

Francisco le hace una seña a Andrés.

«Es que esto no lo aguanta nadie», se dice la muchacha.

—Yo cojo mi machete y lo meto en la vaina —el viejo Matías canta mientras se ajusta el revólver.

Francisco hala a Andrés y lo ayuda a bajar por la pendiente.

La muchacha se pone como en el principio.

—Lo afilo por la noche, lo uso en la madrugá’ —el viejo Matías sigue cantando mientras busca el sombrero.

—Mira eso —dice Francisco.

La muchacha va subiendo.

El viejo Matías sale del rancho.

—¡Ahora viene!

La muchacha se pone las manos en la espalda.

El viejo Matías camina.

Andrés pisa una rama grande.

La muchacha se estira.

El viejo Matías escucha.

—¡Qué cosa! —susurra uno de los muchachos.

La muchacha sigue subiendo.

El viejo Matías se acerca y acecha.

—¡Ay sí!

La muchacha va a enseñar eso que no se le enseña a nadie.

—Voltéense, rastreros —el viejo Matías empuña el revólver.

Los muchachos se voltean, lívidos.

La muchacha enseña eso que no se le enseña a nadie.

El viejo Matías, revólver en alto, ve a los muchachos en una orilla del río, muertos de miedo y del otro a su nieta pasándose una toalla por la espalda.

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